sábado, 26 de novembro de 2011

Cânticos próprios do 1º Domingo do Advento / Dominica I Adventus

Intróito Ad te levavi animam meam pelos italianos Antiqua Laus (interpretação semiológica):



Interpretação do mesmo intróito pelo projecto eslovaco GradualeProject:



Interpretação da mesma peça num mosteiro de monjas benedictinas:


Lêde o comentário de Tiago Barófio a este intróito.


Ofertório Ad te Domine levaui animam meam pelos Cantori gregoriani de Cremona, aos 5:29:


Explicação do intróito (1:28) e da comunhão Dominus dabit (3:16), que é depois cantada (4:44) segundo o Graduale Triplex, por monjas benedictinas em Itália; no fim, a antífona mariana Alma Redemptoris Mater (8:58):



Não deixe de ler este inspiradíssimo artigo de Fúlvio Rampi sobre o reportório desta solenidade:

Obras maestras del canto gregoriano / "Ad te levavi"

Es el introito del primer domingo de Adviento. En una nueva ejecución que nos ofrecen los "Cantori Gregoriani" y su  Maestro

de Fulvio Rampi




TRADUCCIÓN

A ti levanto mi alma,
Dios mío, en ti confío, ¡no sea confundido,
no triunfen de mí mis enemigos!
No hay confusión
para el que espera en ti.

Muéstrame tus caminos, Señor,
enséñame tus sendas.

A ti levanto mi alma…

*

No hay confusión
para el que espera en ti, Señor.

Muéstrame tus caminos, Señor,
Enséñame tus sendas.

No hay confusión...

(Salmo 24, 1-4)



ESCUCHA










GUÍA A LA ESCUCHA


“Ad te levavi animam meam”: éste es el incipit del introito gregoriano del primer domingo de Adviento y, por tanto, el incipit de todo el Graduale Romanum, el libro litúrgico que recoge los cantos propios de la misa.

La gran “A” inicial, primera letra del alfabeto, es signo de Cristo como “Alpha” de la cual tiene origen y a la que constantemente converge la larga meditación que la Iglesia dispone, mediante su canto gregoriano, a lo largo del todo el año litúrgico.

Lo mismo hace el Antifonal, de una manera igualmente no casual, con el responsorio "Aspiciens a longe", la pieza que inaugura el tiempo de Adviento para el repertorio musical del Oficio Divino.

Se podría decir que el canto gregoriano se preocupa, desde el principio, de resaltar la valencia cristológica de su proyecto exegético-musical.

El primer motivo de interés es la elección de los textos que componen el "proprium" de esta primera misa del año litúrgico. Los versículos iniciales del Salmo 24, a pesar de algunas variaciones significativas, dan cuerpo no sólo al introito, sino también al gradual y al ofertorio de la misma misa.

Esta es la prueba, aquí totalmente evidente, de la intención primaria que funda el antiguo repertorio gregoriano, es decir, la capacidad de hacer resonar el mismo texto en momentos litúrgicos distintos y, más concretamente, la firme decisión de lograr un resultado sonoro fruto de un verdadero y propio recorrido de "lectio divina". Como tal se presenta, de hecho, la sucesión de los tres momentos litúrgico-musicales citados.

En la apertura de la celebración, la pieza procesional en el estilo semi-adornado de los introitos desarrolla, de hecho, la exegesis del texto con figuras neumáticas elementales, es decir, de pocos sonidos por sílaba, amplificando los valores sobre algunas sílabas importantes – por ejemplo sobre el acento de “à-nimam” durante el primer inciso – pero siempre manteniéndose en una conducta de fraseo, en conjunto, fluido.

La pieza se presenta, en general, como una gran invocación. Dicho carácter se resume y destaca especialmente al principio del segundo inciso textual, allí dónde con impulso y con una línea melódica llevada a la extremidad aguda de todo la pieza se subraya con decisión la invocación “Deus meus”, que se convierte en cifra expresiva que sella toda la composición.
Pero la "lectio divina" realizada por el canto gregoriano sobre este texto no cesa en el introito, sino que prosigue y se eleva hasta una dimensión contemplativa, sobre todo en el gradual "Universi", después de la primera lectura.

El mismo texto del introito – en la perspectiva de la "lectio divina" – es retomado, seleccionado y repensado para llegar a ser más profundamente entendido en cada una de sus partes. Lo que casi había desaparecido mediante un estilo semi-adornado, es cristalizado por un estilo que responde a otras exigencias litúrgico-musicales.

En la misa, después de la primera lectura, cuando todos están quietos, sentados y, presumiblemente, atentos, cuando no hay  –  como al contrario sucede en el introito – ningún movimiento procesional, cuando la liturgia exige una digna respuesta a la lectura de la Palabra de Dios apenas proclamada, he aquí que se retoma el texto del introito, pero – preste atención – no “da capo”, sino extrayendo sólo la última frase de la antífona: "Universi qui te exspectant non confundentur, Domine".

A este punto el texto es, en cierto sentido, “recreado”, y cada entidad verbal asume nueve luz, nuevo peso, nuevo significado. Cada palabra es meditada con más calma, más tiempo, sin prisa, con más consciencia.

Si en el introito, por ejemplo, el término "universi" recibe una mínima acentuación y es parte de un movimiento fluido global, en el gradual ese es situado en primera fila y promovido, incluso, como incipit de la pieza. Pero sobre todo se dilata enormemente su alcance expresivo, con consumado arte retórico. El íncipit del gradual quiere meditar, quiere “perder tiempo” sobre esa palabra que detiene la mirada sobre la universalidad del Adviento, anunciado con abundancia de sonido y con generosas ampliaciones de valor, cargados de sentido.

Por último, volviendo a mirar el esquema melódico global del introito podemos verificar fácilmente  – como, por otra parte, está indicado en la edición vaticana – su clara pertenencia al octavo modo, el “tetrardus plagale” según la terminología que deriva del antiguo sistema musical griego.

Éste es el último de los ochos modos gregorianos, que resumen y enmarcan las posibles y rígidas estructuras musicales de todo el repertorio monódico litúrgico.

Dicho modo, el último en la mente de los compositores anónimos y de los teóricos medievales, es símbolo de perfección, de cumplimiento, de tiempo definitivo. El octavo modo es, a menudo, una alusión explícita al octavo día, inicio de la nueva creación. No es casualidad que tantos los cánticos como el triple aleluya de la vigilia de Pascua tengan este mismo color modal.

Al inicio del año litúrgico, el canto gregoriano lee en filigrana todo el misterio de Cristo y dilata la comprensión del tiempo de Adviento a la memoria más amplia del “Adventus Domini”, itinerario iluminado del acontecimiento pascual, que medita tanto el misterio del nacimiento de Jesús como la espera de su venida final.

La construcción modal de este primer introito es signo de dicho recorrido y entrevé, desde el principio, las infinitas resonancias.
30.11.2013 




Também interessante é a aula do curso de Giacomo Baroffio sobre este intróito.

Salmo Responsorial Gradual Frustrado não será (Qui te exspectant), transcrição portuguesa do Lincoln a partir da versão simplificada do Graduale Simplex.



Intróito ou Ofertório A Vós, Senhor, elevei (Ad te Domine levaui), transcrição para língua portuguesa efectuada pelo Lincoln a partir da versão simples destas antífonas no Graduale Simplex.


 

Comentário de Tiago Barófio sobre a comunhão Dóminus dabit:
Il salmo 84 offre il testo dell’antifona di comunione dopo essere già presente nel versetto alleluiatico (Sal 84, 8). Il Vangelo è preceduto dall’invocazione e supplica accorata “Ostende nobis, Domine, misericordiam tuam, et salutare tuum da nobis”. La pericope odierna (Mt 24, 37-44) prende in considerazione la venuta del Signore alla fine dei tempi ed esorta alla vigilanza. Invita a essere sempre pronti perché non si conoscono mai i tempi di D-i-o. Nel momento della comunione prendiamo coscienza della situazione ed esprimiamo la certezza: D-i-o dabit benignitatem, elargirà il bene in un processo di rinnovata creazione che coinvolgerà la storia a livello cosmico. Anche la terra dabit fructum suum.
L’antifona inizia con l’affermazione della signorìa di D-i-o. La parola Dominus è pronunciata con un ampio arco discendente. Un grido prolungato sulla sillaba finale permette al cantore di confessare la fede della Chiesa. D-i-o mostra la sua misericordia nell’elargire il bene, un bene generoso che raggiunge un’ampiezza sconfinata adombrata dall’estensione vocale di un’ottava (Re-re). Tutto è pervaso da una nuova forza. Tutto si fa segno della misericordia. In tutto si rivela la ministerialità del cosmo a servizio dell’uomo, la minisrterialità dell’uomo a servizio di D-i-o e dei fratelli. Perché ogni azione è compiuta in nome di D-i-o e per la sua gloria. Quando la terra produce (dabit) i suoi frutti, è perché D-i-o (Dominus) stesso la rende feconda.
Entrambi i vocaboli (dabit/Dominus) sono cantati con la medesima formula melodica. Si evidenzia così il vincolo indissolubile tra il Creatore e il creato che nel tempo rende presente la benignitas divina. La bontà spunta dalla terra e fa germogliare la verità (v. 12).
Come dice sempre il salmo 84, D-i-o è la salvezza della persona (v. 5). Dopo momenti di “ira” e di condanna del male compiuto dall’uomo, del bene da lui omesso, dei tradimenti e delle violenze imposte nelle relazioni sociali, D-i-o ritorna a dare la vita affinché il suo popolo possa ancora gioire in Lui (v. 7). 
Il tempo dell’avvento realizza la profezia davidica “sta per abitare la gloria nel nostro paese” (v. 10). D-i-o è venuto e ritorna. È nel presente e in ogni momento ritorna per inaugurare i tempi messianici coinvolgendo nella sua corsa gloriosa quanti si sono mossi e sono andati a Lui incontro. Secondo la dinamica proposta dal salmo nel v. 11: “Grazia e verità s’incontrano, giustizia e pace si baciano”.
Affermazione che richiama la Preghiera eucaristica Quinta/C “La tua Chiesa sia testimonianza viva di verità e di libertà, di giustizia e di pace, perché tutti gli uomini si aprano alla speranza di un mondo nuovo”.
La Chiesa tutta è presente in ogni singolo battezzato e nella molteplicità dei credenti rifulge l’unità del corpo mistico. Alla scuola di san Pier Damiani e del suo opuscolo “Dominus vobiscum” sulla celebrazione dell’Eucaristia di un eremita, siamo chiamati a ripensare la vita ecclesiale in tutta la sua ampiezza e profondità. Il cantore non soltanto vive nella Chiesa e per la Chiesa. Egli vive la Chiesa in prima persona. In un’epoca segnata quasi indelebilmente dall’ingiustizia e dal sopruso, dalla menzogna e dalla violenza, non si stanca di annunciare il Regno e di affermare il primato di quella giustizia che cammina innanzi (v. 14) e sempre costituisce la strada maestra percorsa dai ricercatori di D-i-o.

Transcrição portuguesa da versão do Gradual Simples desta mesma comunhão, efectuada pelo Lincoln (O Senhor fez a bondade):




Domingo, às 12h15, Santa Missa cantada em latim pelo Pe. Armindo Borges na Igreja do Santíssimo Sacramento, no Chiado, em Lisboa.
Próprio da Missa do 1º Domingo do Advento na Forma Ordinária do Rito Romano celebrado em Latim

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