sábado, 26 de novembro de 2011

Cânticos próprios do 1º Domingo do Advento / Dominica I Adventus

Intróito Ad te levavi animam meam pelos italianos Antiqua Laus (interpretação semiológica):



Interpretação do mesmo intróito pelo projecto eslovaco GradualeProject:



Interpretação da mesma peça num mosteiro de monjas benedictinas:


Lêde o comentário de Tiago Barófio a este intróito.


Ofertório Ad te Domine levaui animam meam pelos Cantori gregoriani de Cremona, aos 5:29:


Explicação do intróito (1:28) e da comunhão Dominus dabit (3:16), que é depois cantada (4:44) segundo o Graduale Triplex, por monjas benedictinas em Itália; no fim, a antífona mariana Alma Redemptoris Mater (8:58):



Não deixe de ler este inspiradíssimo artigo de Fúlvio Rampi sobre o reportório desta solenidade:

Obras maestras del canto gregoriano / "Ad te levavi"

Es el introito del primer domingo de Adviento. En una nueva ejecución que nos ofrecen los "Cantori Gregoriani" y su  Maestro

de Fulvio Rampi




TRADUCCIÓN

A ti levanto mi alma,
Dios mío, en ti confío, ¡no sea confundido,
no triunfen de mí mis enemigos!
No hay confusión
para el que espera en ti.

Muéstrame tus caminos, Señor,
enséñame tus sendas.

A ti levanto mi alma…

*

No hay confusión
para el que espera en ti, Señor.

Muéstrame tus caminos, Señor,
Enséñame tus sendas.

No hay confusión...

(Salmo 24, 1-4)



ESCUCHA










GUÍA A LA ESCUCHA


“Ad te levavi animam meam”: éste es el incipit del introito gregoriano del primer domingo de Adviento y, por tanto, el incipit de todo el Graduale Romanum, el libro litúrgico que recoge los cantos propios de la misa.

La gran “A” inicial, primera letra del alfabeto, es signo de Cristo como “Alpha” de la cual tiene origen y a la que constantemente converge la larga meditación que la Iglesia dispone, mediante su canto gregoriano, a lo largo del todo el año litúrgico.

Lo mismo hace el Antifonal, de una manera igualmente no casual, con el responsorio "Aspiciens a longe", la pieza que inaugura el tiempo de Adviento para el repertorio musical del Oficio Divino.

Se podría decir que el canto gregoriano se preocupa, desde el principio, de resaltar la valencia cristológica de su proyecto exegético-musical.

El primer motivo de interés es la elección de los textos que componen el "proprium" de esta primera misa del año litúrgico. Los versículos iniciales del Salmo 24, a pesar de algunas variaciones significativas, dan cuerpo no sólo al introito, sino también al gradual y al ofertorio de la misma misa.

Esta es la prueba, aquí totalmente evidente, de la intención primaria que funda el antiguo repertorio gregoriano, es decir, la capacidad de hacer resonar el mismo texto en momentos litúrgicos distintos y, más concretamente, la firme decisión de lograr un resultado sonoro fruto de un verdadero y propio recorrido de "lectio divina". Como tal se presenta, de hecho, la sucesión de los tres momentos litúrgico-musicales citados.

En la apertura de la celebración, la pieza procesional en el estilo semi-adornado de los introitos desarrolla, de hecho, la exegesis del texto con figuras neumáticas elementales, es decir, de pocos sonidos por sílaba, amplificando los valores sobre algunas sílabas importantes – por ejemplo sobre el acento de “à-nimam” durante el primer inciso – pero siempre manteniéndose en una conducta de fraseo, en conjunto, fluido.

La pieza se presenta, en general, como una gran invocación. Dicho carácter se resume y destaca especialmente al principio del segundo inciso textual, allí dónde con impulso y con una línea melódica llevada a la extremidad aguda de todo la pieza se subraya con decisión la invocación “Deus meus”, que se convierte en cifra expresiva que sella toda la composición.
Pero la "lectio divina" realizada por el canto gregoriano sobre este texto no cesa en el introito, sino que prosigue y se eleva hasta una dimensión contemplativa, sobre todo en el gradual "Universi", después de la primera lectura.

El mismo texto del introito – en la perspectiva de la "lectio divina" – es retomado, seleccionado y repensado para llegar a ser más profundamente entendido en cada una de sus partes. Lo que casi había desaparecido mediante un estilo semi-adornado, es cristalizado por un estilo que responde a otras exigencias litúrgico-musicales.

En la misa, después de la primera lectura, cuando todos están quietos, sentados y, presumiblemente, atentos, cuando no hay  –  como al contrario sucede en el introito – ningún movimiento procesional, cuando la liturgia exige una digna respuesta a la lectura de la Palabra de Dios apenas proclamada, he aquí que se retoma el texto del introito, pero – preste atención – no “da capo”, sino extrayendo sólo la última frase de la antífona: "Universi qui te exspectant non confundentur, Domine".

A este punto el texto es, en cierto sentido, “recreado”, y cada entidad verbal asume nueve luz, nuevo peso, nuevo significado. Cada palabra es meditada con más calma, más tiempo, sin prisa, con más consciencia.

Si en el introito, por ejemplo, el término "universi" recibe una mínima acentuación y es parte de un movimiento fluido global, en el gradual ese es situado en primera fila y promovido, incluso, como incipit de la pieza. Pero sobre todo se dilata enormemente su alcance expresivo, con consumado arte retórico. El íncipit del gradual quiere meditar, quiere “perder tiempo” sobre esa palabra que detiene la mirada sobre la universalidad del Adviento, anunciado con abundancia de sonido y con generosas ampliaciones de valor, cargados de sentido.

Por último, volviendo a mirar el esquema melódico global del introito podemos verificar fácilmente  – como, por otra parte, está indicado en la edición vaticana – su clara pertenencia al octavo modo, el “tetrardus plagale” según la terminología que deriva del antiguo sistema musical griego.

Éste es el último de los ochos modos gregorianos, que resumen y enmarcan las posibles y rígidas estructuras musicales de todo el repertorio monódico litúrgico.

Dicho modo, el último en la mente de los compositores anónimos y de los teóricos medievales, es símbolo de perfección, de cumplimiento, de tiempo definitivo. El octavo modo es, a menudo, una alusión explícita al octavo día, inicio de la nueva creación. No es casualidad que tantos los cánticos como el triple aleluya de la vigilia de Pascua tengan este mismo color modal.

Al inicio del año litúrgico, el canto gregoriano lee en filigrana todo el misterio de Cristo y dilata la comprensión del tiempo de Adviento a la memoria más amplia del “Adventus Domini”, itinerario iluminado del acontecimiento pascual, que medita tanto el misterio del nacimiento de Jesús como la espera de su venida final.

La construcción modal de este primer introito es signo de dicho recorrido y entrevé, desde el principio, las infinitas resonancias.
30.11.2013 




Também interessante é a aula do curso de Giacomo Baroffio sobre este intróito.

Salmo Responsorial Gradual Frustrado não será (Qui te exspectant), transcrição portuguesa do Lincoln a partir da versão simplificada do Graduale Simplex.



Intróito ou Ofertório A Vós, Senhor, elevei (Ad te Domine levaui), transcrição para língua portuguesa efectuada pelo Lincoln a partir da versão simples destas antífonas no Graduale Simplex.


 

Comentário de Tiago Barófio sobre a comunhão Dóminus dabit:
Il salmo 84 offre il testo dell’antifona di comunione dopo essere già presente nel versetto alleluiatico (Sal 84, 8). Il Vangelo è preceduto dall’invocazione e supplica accorata “Ostende nobis, Domine, misericordiam tuam, et salutare tuum da nobis”. La pericope odierna (Mt 24, 37-44) prende in considerazione la venuta del Signore alla fine dei tempi ed esorta alla vigilanza. Invita a essere sempre pronti perché non si conoscono mai i tempi di D-i-o. Nel momento della comunione prendiamo coscienza della situazione ed esprimiamo la certezza: D-i-o dabit benignitatem, elargirà il bene in un processo di rinnovata creazione che coinvolgerà la storia a livello cosmico. Anche la terra dabit fructum suum.
L’antifona inizia con l’affermazione della signorìa di D-i-o. La parola Dominus è pronunciata con un ampio arco discendente. Un grido prolungato sulla sillaba finale permette al cantore di confessare la fede della Chiesa. D-i-o mostra la sua misericordia nell’elargire il bene, un bene generoso che raggiunge un’ampiezza sconfinata adombrata dall’estensione vocale di un’ottava (Re-re). Tutto è pervaso da una nuova forza. Tutto si fa segno della misericordia. In tutto si rivela la ministerialità del cosmo a servizio dell’uomo, la minisrterialità dell’uomo a servizio di D-i-o e dei fratelli. Perché ogni azione è compiuta in nome di D-i-o e per la sua gloria. Quando la terra produce (dabit) i suoi frutti, è perché D-i-o (Dominus) stesso la rende feconda.
Entrambi i vocaboli (dabit/Dominus) sono cantati con la medesima formula melodica. Si evidenzia così il vincolo indissolubile tra il Creatore e il creato che nel tempo rende presente la benignitas divina. La bontà spunta dalla terra e fa germogliare la verità (v. 12).
Come dice sempre il salmo 84, D-i-o è la salvezza della persona (v. 5). Dopo momenti di “ira” e di condanna del male compiuto dall’uomo, del bene da lui omesso, dei tradimenti e delle violenze imposte nelle relazioni sociali, D-i-o ritorna a dare la vita affinché il suo popolo possa ancora gioire in Lui (v. 7). 
Il tempo dell’avvento realizza la profezia davidica “sta per abitare la gloria nel nostro paese” (v. 10). D-i-o è venuto e ritorna. È nel presente e in ogni momento ritorna per inaugurare i tempi messianici coinvolgendo nella sua corsa gloriosa quanti si sono mossi e sono andati a Lui incontro. Secondo la dinamica proposta dal salmo nel v. 11: “Grazia e verità s’incontrano, giustizia e pace si baciano”.
Affermazione che richiama la Preghiera eucaristica Quinta/C “La tua Chiesa sia testimonianza viva di verità e di libertà, di giustizia e di pace, perché tutti gli uomini si aprano alla speranza di un mondo nuovo”.
La Chiesa tutta è presente in ogni singolo battezzato e nella molteplicità dei credenti rifulge l’unità del corpo mistico. Alla scuola di san Pier Damiani e del suo opuscolo “Dominus vobiscum” sulla celebrazione dell’Eucaristia di un eremita, siamo chiamati a ripensare la vita ecclesiale in tutta la sua ampiezza e profondità. Il cantore non soltanto vive nella Chiesa e per la Chiesa. Egli vive la Chiesa in prima persona. In un’epoca segnata quasi indelebilmente dall’ingiustizia e dal sopruso, dalla menzogna e dalla violenza, non si stanca di annunciare il Regno e di affermare il primato di quella giustizia che cammina innanzi (v. 14) e sempre costituisce la strada maestra percorsa dai ricercatori di D-i-o.

Transcrição portuguesa da versão do Gradual Simples desta mesma comunhão, efectuada pelo Lincoln (O Senhor fez a bondade):




Domingo, às 12h15, Santa Missa cantada em latim pelo Pe. Armindo Borges na Igreja do Santíssimo Sacramento, no Chiado, em Lisboa.
Próprio da Missa do 1º Domingo do Advento na Forma Ordinária do Rito Romano celebrado em Latim

quinta-feira, 24 de novembro de 2011

Solenidade de Cristo-Rei

Tivemos o privilégio de cantar na Igreja de Nossa Senhora da Encarnação, pela 2ª vez, a Solenidade de Cristo Rei, no passado dia 20 de Novembro. A mesma festa, mas reportório diferente, mais difícil e ajustado à evolução da Capella, conforme podereis aperceber-vos na página dedicada a este dia litúrgico.

domingo, 13 de novembro de 2011

Cânticos para o 33º Domingo do Tempo Comum / Dominica XXXIII per annum

Partituras
Próprio autêntico (PDF)
Ofertório com versículos (PDF)


Antífona do Intróito Dicit Dóminus, cantada pelo francês:





E comentada por Tiago Barófio:
Clicai e vêde.
 L’insolita formula iniziale (re re-sib-do re-do fa) si assesta a lungo su una recita che ha il suo perno nel fa, nota fondamentale della melodia in VI modo (fa plagale). La medesima formula è ripresa subito e prepara un arco elaborato (fa-do-fa) che evidenzia la parola pacis. Lo stesso arco è di nuovo percorso con una breve progressione discendente: si trascina evocando la gravità della afflictio. Per la terza volta l’arco (fa-do-fa) è proposta in un’espressisone più sobria (invocabitis me): introduce la sospirata risposta et ego exaudiam vos. Senza nessun fragore, quasi sottovoce e bisbigliata è la confidenza di D-i-o: reducam captivitatem vestram de cunctis locis.
Il testo è uno stralcio della lettera inviata dal profeta Geremia agli Ebrei deportati da Nabucodonor a Babilonia (29, 11.12.14). Lettera sofferta, non tace gli aspetti della vita che si vorrebbero ignorare, nascondere. La voce irrompe nella tragedia della prigionia vissuta lontano dalla patria e dal focolare domestico, nella dispersione della diaspora che mina alle basi la convivenza. Tante relazioni sono corrose dal sospetto, dalla mancanza di fiducia reciproca. Ci si aggrappa a ogni segnale di speranza. 
È lo spazio dove penetra la Parola per giudicare e redimere, consolare e orientare il cammino interiore prima di poter intraprendere la via del ritorno. È lo spazio dove s’insinua con abilità e potere di suasione la voce melliflua delle false prospettive, dei miraggi che spesso affascinano il popolo non più in grado di esercitare una scelta equa, di fare il discernimento tra gli spiriti che soffiano vita e quelli che fanno da battistrada alla morte.
Eppure il profeta non cede. Minacce e lusinghe non lo fanno indietreggiare. Il cantore riprende nel tempo il testimone. Ripete il messaggio in contesti sociali analoghi, diversi ma pur sempre simili. Cogito cogitationes: il progetto di D-i-o non è improvvisato in modo maldestro per tappare oggi una falla che domani si squarcerà in maniera più vistosa e violenta. Al contrario di tanti amministratori miopi, improvvisati e irresponsabili, abili soltanto a fare i propri meschini interessi, D-i-o rivolge lo sguardo su tutto il panorama della storia. Il suo è un programma cosmico. È elaborato in una prospettiva che congiunge l’inizio e la fine dei tempi. È nel segno della gratuità inciso nell’atto creativo. È nel segno dell’armonia che la pace sola riesce a realizzare. Pace, dono di D-i-o che si accoglie con tremore nel momento in cui Lo si trova dopo averLo cercato e ricercato con tutto il cuore (Ger, 29, 13).
La pace è l’unica via d’uscita dalle sventure. Pace non costruita in modo arbitrario a tavolino, dove si salvano le sole apparenze e si creano ulteriori tensioni e conflitti. Che delusione nell’osservare le tante “paci” stipulate dai politici e dai militari. Troppe sono le guerre volute da poche persone che dirigono un massacro dopo l’altro per imporre, così affermano, pace e giustizia, anche tra popolazioni che all’anagrafe risultano cristiane. 
Ogni giorno, decine di migliaia di volte sale una preghiera. Sembra non ascoltata. Ma forse non è più una preghiera, non sale dal cuore. È ridotta forse a un confuso farfugliare senz’anima:
“Signore Gesù Cristo, che hai detto ai tuoi apostoli: Vi lascio la pace, vi do la mia pace, non guardare ai nostri peccati, ma alla fede della tua Chiesa, e donale unità e pace secondo la tua volontà”.

Antífona do Ofertório De profúndis, pelo francês:




Comunhão Amen dico vobis, quidquid orantes petitis, cantada pelo eslovaco:




No Domingo do ano A, a comunhão é Domine, quinque talenta:


Aqui cantada pelo francês:




E comentada por Bruder Jacob:
Il Missale Romanum prevede due antifone che non hanno nessuna relazione con il Vangelo dell’anno “A”: “Mihi autem adhaerere Deo bonum est …” (sal 72, 28) e “Amen dico vobis, quidquid orantes petite …” (Mc 11, 23.24). Il Graduale propone uno stralcio del Vangelo odierno (Mt 25, 14-30): “Domine, quinque talenta …” (Mt 25, 20-21). Si sottolinea in questo modo il legame che, secondo l’unanime tradizione patristica, unisce il banchetto della Parola a quello eucaristico, il fatto cioè che è sempre l’unico Signore Gesù Cristo sia la Parola proclamata nel Vangelo sia il Cibo condiviso nell’Eucaristia.
La melodia in sol autentico (VII modo) si muove costantemente nell’ambito acuto. La confidenza del servo che rende conto del suo operato – ha raddoppiato la somma consegnatagli – dopo un’introduzione tortuosa si assesta sulla corda di recita, la dominante re. In un ambito più acuto, con frequenti punte sino al fa, risuonano le parole con sui il Signore esprime la propria soddisfazione e premia il collaboratore fedele. L’invito “intra in gaudium Domini tui” riprende una formula propria dei responsori e con serena pacatezza conclude il breve dialogo. Una sola minima osservazione: la penultima figura neumatica (scandicus subbipunctis resupino) mette in rilievo il si centrale, suono primario nella formula di cadenza in cui la III superiore si crea una tensione strutturale con la finale sol.
Le ultime parole che Gesù nella parabola mette sulle labbra del datore di lavoro portano con sé una risonanza che echeggia da lontano. Dalla creazione in poi, senza tregua, D-i-o da sempre condivide il suo destino con l’uomo. Sembra essere l’idea fissa che nulla riesce ad affievolire, neppure il tradimento e il peccato dei progenitori. Anzi, proprio nelle condizioni più disperate dove l’uomo s’inabissa, si manifesta sempre più l’amore di D-i-o.
Egli non rinuncia al suo progetto, non abbandona la creatura alla dissoluzione. La colpa da tragedia si ribalta e diviene la felix culpa cantata nella veglia pasquale. È l’inizio di una ri-creazione, un rinnovamento totale che vede progredire il peccatore nella via della giustizia e della santità. Perdonato e reso giusto dalla misericordia di D-i-o, l’uomo si mette al servizio del Creatore per rinnovare la creazione tutta. Collaboratore di D-i-o riconquista la fiducia dell’amicizia, è assunto nella famiglia divina e diviene a pieno titolo figlio di D-i-o.
La voce del cantore si fa strada nelle coscienze. Ciascuno è invitato a mettere da parte, almeno per un momento, gli affanni. Usciamo dalla soffocante strettezza interiore in cui le contrarietà quotidiane sembrano averci condannato. Quando tutto appare grigio e cala una nebbia opaca sulle prospettive future, frughiamo nel labirinto interiore, cerchiamo la brace schiacciata e nascosta dalla cenere.
Rompiamo i sigilli dell’oblio e chiediamo alla memoria di restituirci la coscienza delle scintille che potevano incendiare la nostra vita prima di sparire ed esaurirsi nell’oscurità.
Le scintille dei talenti: un decimo di talento forse, ma forse anche un talento intero oppure due, tre, dieci… D-i-o quando ce li ha consegnati aveva fiducia in noi. E Lui sapeva di che cosa eravamo capaci. Noi perdiamo la fiducia in noi stessi e così rinunciamo alla fede in D-i-o. Ma non è ancora perduto tutto. Il cantore canta di nuovo a ciascuno di noi “Euge serve bone et fidelis…”.


Missa cantada pelo Padre Armindo Borges na Igreja do Santíssimo Sacramento, na Calçada do Sacramento, em Lisboa, ao meio-dia e um quarto.

TPróprio da Missa do 33º Domingo do T.C. (.DOC)

quinta-feira, 3 de novembro de 2011

Cânticos para o 32º Domingo do Tempo Comum / XXXII Dominica per annum

Intróito Intret oratio mea in conspectu tuo, cantado pelo eslovaco:



Comentário de Tiago Barófio:
Forte caratterizzazione della melodia sin dalla formula iniziale che si slancia e insiste sul do, nota che nel tempo ha sostituito il si originale. Il canto si muove nell’ambito acuto con piccole variazioni intorno a si-do-re. Solo verso la fine del brano si raggiunge la tonica mi su cui s’innesta un ampio arco fiorito ad (mi soppiantato dal fa) precem meam Domine. Particolare attenzione nel cantare inclina con la bivirga che il graduale Laon 239 allarga sulla prima sillaba mentre con uno “st(atim) evidenzia lo stretto legame con la parola successiva aurem.
Il testo dell’antifona riprende il salmo 87, 3 mentre la salmodia ricupera l’inizio del carme davidico che ricorda una dimensione inalienabile della preghiera: il pregare di giorno e di notte “in die clamavi, et nocte coram Te”. La preghiera è una modalità della vita di fede. Può essere vissuta in modo cosciente, può essere organizzata in determinati orari, può esplicarsi in sussurri, balbettii, frasi compiute, canti, grida gioiose e urla strazianti. Tutto è possibile nel pregare perché la persona nella sua totalità si trova davanti a D-i-o. Tutta la persona significa anche l’intera durata della sua vita, giorno e notte, senza interruzione. Gli atteggiamenti interiori e le manifestazioni esterne si modificano, ci sono preghiere e preghiere. Ma una sola è la fede che si fa preghiera. Anche nei periodi più critici e drammatici, quando trionfa il tradimento e l’ingiustizia menzognera, come la situazione evocata dal salmo 108 nel verso 4 “in cambio del mio amore mi accusano, mentre io sono preghiera”.
La voce del cantore sale a D-i-o, si fa presenza dell’uomo davanti a Colui che ci è Madre e Padre, perché prima Lei/Lui si è inchinato, si è proteso verso la creatura per parlare al suo cuore e ascoltare il ritmo di un’esistenza transverberata, trapassata nel profondo dalla Parola. Prima del canto e delle parole, è il vivere quotidiano del cantore che s’insinua nelle pieghe della storia e riesce a trovare il “passaggio” che introduce alla Terra Promessa, al Sinai, al Monte della trasfigurazione, al Monte della morte redentrice, il Golgota.
Nessun cammino per quanto impervio riesce a bloccare l’ascesa. Nessun sentiero per quanto seducente riesce a distrarre dalla meta finale. Il cantore si mette in ascolto della Parola e da essa è guidato sino alla Presenza. Parola che scende e irrora tutta la persona che della stessa Parola si fa eco. Risonanza che squarcia nuovi orizzonti. Canto che dal cuore dell’uomo sale fino al cuore di D-i-o e raccoglie nelle sue vibrazioni ciò che tanti cuori non riescono più a esprimere. Perché paralizzati dalla angoscia, mutilati da tanta ingiustizia e violenza, impietriti dall’altrui indifferenza.
Intret oratio mea, non è la sola preghiera del cantore che si presenta a D-i-o. È la preghiera di tutta la Chiesa, di quanti si ricordano di D-i-o e di quanti l’hanno dimenticato, di chi frequenta le chiese e di chi sta lontano per disagi da cui non riesce a liberarsi. È la preghiera di chi trova accesso a D-i-o e di chi si ferma intirizzito di fronte agli idoli. È preghiera. È la vita di quanti ancora si muovono e spesso si agitano. È la vita di chi si trova al di là del tempo. Nella luce della risurrezione. Nella contemplazione senza veli e senza illusioni.
10-11-2013



No ano A, a comunhão é a Quinque prudéntes vírgines, sobre a qual comentou Tiago Barófio:
L’Ordo Cantus Missae prevede una sola antifona: “Dominus regit me, et nihil mihi deerit …” (sal 22, 1-2). Il Missale Romanum aggiunge un secondo canto presente anche nel Graduale come antifona ordinaria “Cognoverunt discipuli Dominum Iesum in fractione panis” (Lc 24, 35). Per l’anno A il solo Graduale propone opportunamente uno stralcio del Vangelo del giorno (Mt 25, 1-13), l’antifona “Quinque prudente virgines acceperunt oleum in vasis suis cum lampadibus. Media autem nocte clamor factus est: Ecce sponsus venit, exite obviam (Christo Domino)” (Mt 25, 4. 6). 
La melodia in FA autentico sottolinea subito la nota fondamentale con una ripercussione su una breve recita, mentre successivamente prendono consistenza il SOL e il la. Dopo questa introduzione pacata, una forte tensione si crea con uno slancio di settima (FA-mi)-su media autem nocte. Il canto si fa pressante e sottolinea con vigore il clamor giubilante con cui si annuncia l’arrivo dello sposo. Con le stesse note e la medesima intensità si riprende la scena, nel duplice senso di cantare una seconda volta e di “fotografare” con il suono l’evento: “Ecce sponsus venit”. Il culmine melodico è raggiunto con la sollecitazione pressante “exite” - uscite e andate incontro a Cristo Signore”.
In prospettiva musicale questa antifona può essere meglio compresa se la si canta e confronta con il medesimo testo rielaborato per costruire un alleluia. Alcune sezioni permangono identiche, altre sono adattate allo stile melismatico proprio degli alleluia e alla nuova struttura modale di uno sfolgorante VII modo.
Il cantore risveglia l’assemblea distratta o un poco assente, la scuote con il suo clamor. È il momento di aprire gli occhi, di ravvivare tutte le facoltà sensoriali per captare la Presenza. Brezza leggera o fruscio o voce tuonante, nella storia quotidiana risuona sulle strade del mondo il passo di Cristo. Maestro, giudice, amico, fratello … sposo. Come l’amante del Cantico s’avvicina e sfugge, provoca e si dilegua. Per attendere l’incontro con Lui, per riuscire a scorgerlo in ogni fratello e sorella, per essere in grado di udire la sua voce quando sussurra o grida con la voce dei derelitti, per vivere tutto questo e fare l’esperienza di un incontro personale è necessario prepararsi come hanno fatto le vergini prudenti.
Per comprendere il testo, è utile inserire il quadro della narrazione lucana nel più ampio contesto presentato dall’intera pericope evangelica. Le cinque ragazze accorte hanno fatto con diligenza tutti i preparativi. Si sono procurate un vasetto e hanno preso dell’olio, come facciamo noi in altri ambiti e con altri oggetti. Non ci manca nessun mezzo; anzi, spesso abbiamo troppe cose che intralciano.
Spesso però dimentichiamo un atteggiamento fondamentale, cioè la capacità di rendere salde le fondamenta della nostra esistenza, rinsaldando gli elementi portanti (vaso, olio), ma liberandoci da tutto ciò che finirebbe per ostacolare la costruzione dell’edificio: la nostra persona e la nostra personalità. Si tratta di una presa di posizione netta, senza tentennamenti. Esclusione di compromessi e di derive che s’impongono con un deciso “no”. No! A tutto ciò che offusca, si oppone, sradica dalla nostra esistenza la presenza di Cristo. Tanti nostri “sì” a D-i-o e al prossimo, ma anche a noi stessi, sono semplici burle perché non hanno come fondamento uno “no” altrettanto coinvolgente. Senza una vita edificata anche sul “no”, nessun clamor riuscirà a scuoterci.


Missa cantada em Latim pelo Padre Armindo Borges na Igreja do Santíssimo Sacramento, em Lisboa, ao 12h15.

Próprio da Missa do 32º Domingo do Tempo Comum
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