sábado, 28 de dezembro de 2013

Música para a Epifania do Senhor / Missa in Epiphania Domini

Partituras:
  • Próprio autêntico (PDF)
  • Ofertório autêntico com versículos (PDF)
  • Tradução literal do Próprio (GDrive)
Adoração dos Reis Magos,
Gregório Lopes e Jorge Leal,
1524, Portugal.

Intróito Ecce advénit dominátor Dóminus, aqui na interpretação do projecto eslovaco Graduale:




Sobre este mesmo intróito, escreve-nos Fúlvio Rampi:

Obras maestras del canto gregoriano /"Ecce advenit"

Es el introito de la fiesta de la Epifanía. En una nueva ejecución que nos ofrecen los "Cantori Gregoriani" y su  Maestro


de Fulvio Rampi




TRADUCCIÓN


He aquí, el dominador viene, el Señor;
en su mano están el reino, el poder y la fortaleza.

Oh Dios, confía al rey tu derecho,
al hijo del rey tu justicia.

He aquí...

Los reyes de Tarsis y las islas traerán tributos,
los reyes de Saba y de Seba ofrecerán dones.

He aquí...

(Malaquías 3, 1 y 1 Crónicas 29, 12 / Salmo 71, 1.10)



ESCUCHA







GUÍA A LA ESCUCHA


Algunos misales en lengua corriente traducen el introito de la Epifanía omitiendo ese “Ecce” inicial que, en realidad, es el presupuesto esencial para la comprensión de este texto.

Es el presupuesto porque su copiosa utilización durante todo el tiempo de Adviento – tanto en el repertorio de la misa como, sobre todo, en las numerosas antífonas del oficio divino – está claramente marcada por una valencia profética que, en la mente del cantor gregoriano, encuentra su respuesta definitiva precisamente en este "Ecce" de la Epifanía.

La forma melódico-rítmica del introito, casi "esculpida” por el gregoriano, es simple y esencial. Las cuatro notas ascendentes sobre la primera sílaba de "Ecce", que se doblan sobre el neuma monosónico situado sobre la silaba final, son alusión, respuesta y cumplimiento de un itinerario que aquí encuentra su “manifestación”. Todo lo que será cantado en esta antífona se funda sobre este “Ecce” de apertura.

La centonización de fragmentos veterotestamentarios extraídos de Malaquías y de las Crónicas compone un texto litúrgico que narra la manifestación de la realeza de Cristo con pocos términos esenciales y de gran fuerza, cantados en un estilo semi-adornado, es decir, con figuras neumáticas elementales.

En la primera gran frase es evidente cómo se enriquece y adorna el texto con figuras retóricas concretas como la “paronomasia”, es decir, el acercamiento de palabras con sonido similar (“dominator” y “Dominus”) pero con significado distinto, y la aliteración, es decir, la sucesión de palabras que empiezan con la misma letra “d”. En cambio, en la continuación del texto destaca la insistente repetición de la conjunción “et” con función expresiva.

Sobre esta composición textual, de por sí ya muy significativa, interviene la escritura musical para dar orden a la declamación, que resalta dos momentos salientes: sobre las palabras “dominator” y “potestas”, que se atraen en el significado y en la construcción rítmica de los elementos silábicos, y que resumen y concentran la densidad y el color de esta solemne fiesta litúrgica.

El canto de estas dos palabras se distingue por un procedimiento retórico bastante frecuente que consiste en la enfatización de la sílaba pre-tónica, la que precede el acento, mediante la utilización de dos notas que reverberan con valor largo. Cada una de estas dos palabras no sólo es resaltada, sino que es dilatada y promovida como pilar expresivo de la respectiva frase y de la pieza en su conjunto.

Podemos notar que la paronomasia “dominator Dominus”, tan importante desde el punto de vista retórico y rítmico, no es expresada desde un punto de vista melódico de manera particularmente exuberante. No encontramos aquí ningún melisma, ni ninguna floritura de notas. Se asiste, en cambio, a la contracción del ámbito melódico hasta hacerlo coincidir prácticamente con la sola cuerda de recitación, en modo tal que se crea el lugar ideal para poder disfrutar del texto en toda su plenitud.

Respecto a la segunda parte de la pieza (“et regnum…”), caracterizada por la iteración de la conjunción “et” para tres distintas atribuciones de la realeza de Cristo, observamos sobre todo que el primer “et” está interesado rítmicamente por un alargamiento, a su vez provocado por la licuescencia de la segunda nota. Esto significa que no se trata de una simple conjunción, sino de un paso para preparar lo que se estaba a punto de decir, es decir, para ralentizar el ritmo del fraseo y así evitar que la atención se concentre sólo en el sustantivo “regnum”, sugiriendo con ello que la meditación interesa a cada una de las palabras de toda la expresión.

El segundo “et”, a diferencia del precedente, realiza la función de simple conjunción con el elemento sucesivo, el solemne “potestas”, donde volvemos a encontrar una repercusión de dos notas con valor largo sobre la sílaba pre-tónica. La exégesis es clara: el Señor “dominator” ejercita su soberanía en el reino mediante una “potestas”. En un cierto sentido, se puede decir que precisamente este término "potestas" representa el momento central de la pieza, pues además de hacer referencia y evocar el término inicial "dominator" –  tratado rítmicamente de manera análoga –  llega a superarlo y a calificarlo porque la melodía alcanza aquí su ápice.

El último “et” asume una ulterior y distinta connotación respecto a los primeros dos. Aquí la conjunción es utilizada, con sutil y consumado arte retórico, para llevar nuevamente la proclamación de la realeza de Cristo a su culmen melódico dirigiendo la meditación hacia su vértice, la palabra “imperium”, a cuya sílaba pre-tónica el anotador de San Galo – como se puede ver por las indicaciones bajo el renglón – asocia un gran alargamiento rítmico licuescente, de significado inequívoco.

Pero precisamente esta última palabra "imperium" provoca una nueva y evidente resonancia si la consideramos haciendo referencia al introito “Puer natus” del día de Navidad.

Según las anotaciones de San Galo, en Navidad la misma palabra "imperium" era tratada siempre como culmen melódico, pero dentro de una melodía muy fluida, proclítica, que sugería un sentido distinto y de algún modo complementario al que se da en el introito de la Epifanía, donde en cambio el imperio del Señor resplandece con todo su poder y realeza ante el mundo entero.

Por tanto, la notación de San Galo adhiere perfectamente a estas dos situaciones distintas y complementarias. Cuando debe resaltar, en Navidad, la exaltación de Jesús consiguiente a su “kenosis”, a su humillación, lo hace mediante una melodía proclítica significativamente dirigida hacia la cumbre melódica de la pieza. Viceversa, en el introito de la Epifanía, señala la necesidad de valorizar adecuadamente este culmen sonoro para dilatar la contemplación y saborear en profundidad toda la riqueza y las implicaciones de la realeza de Cristo.

Pero este juego de espejos podría alargarse hasta el infinito, porque cada pieza es una fuente inagotable de reenvíos, exige la costumbre a la concordancia, es una ventana abierta sobre el inmenso panorama del canto gregoriano.

Lo que a nosotros nos puede parecer, desgraciadamente, sólo un complicado juego del cual nos es difícil entender las reglas, en los antiguos cantores, en cambio, hacia nacer y crecer la necesaria asiduidad, la familiaridad absoluta con la Palabra, una familiaridad que desde la materialidad del ejercicio se eleva a conocimiento, a oración de la Iglesia y a experiencia de vida.
4.1.2014 


Ainda sobre este intróito, escreve-nos Bruder Jakob, a partir de Orselina, a 6 de Janeiro de 2013:
Aumentai a imagem.
Il centone biblico (Malachia, 1 Cronache) con cui è costituito il canto d'ingresso dell'Epifania tramanda la melodia d'introito più cantata nel rito romano. La medesima musica, infatti, è stata utilizzata per l'introito delle celebrazioni mariane Salve sancta parens (testo di Sedulio, sec. V, autore, tra l'altro, di poemi divenuti gli inni di Natale e dell'Epifania). 
Il messaggio dell'Epifania riprende un tema già presente nella liturgia di Natale – ad esempio, nell'antifona Rex pacificus – e caro al Medioevo: la regalità di Cristo. L'introito in re plagale insiste sulla ripercussiosne del fa per sottolineare in maniera martellante i termini dominator Dominus regnum potestas imperium
All’enfasi del testo si contrappone la semplicità sobria della persona osannata. Tutto diverso, profondamente diverso dai “signori” che detengono il potere, ieri come oggi. Potere che esercitano talora in modo iniquo e, ancora più spesso, in maniera del tutto inadeguata. Mezze cartucce senza ideali se non la propria cupidigia animalesca, non hanno un’autentica vocazione politica che spingerebbe a donarsi senza risparmio al bene comune, alla costruzione di una società equa che permetta ad ogni persona di vivere dignitosamente. 
Il dominator Dominus si rivela nel giorno dell'Epifania: piccino e indifeso può soltanto sorridere e tendere le manine verso i doni dei tre Sapienti che con simboli annunciano il suo destino di D-i-o, re e vittima sacrificale. D-i-o si fa uomo come tutti noi; re diviene servo di tutti; vittima dilaniata e annullata sulla Croce, dona gratuitamente la salvezza, permette all'uomo di ricuperare la sua dignità Paradossalmente realizza la parola perfida del Tentatore: rende la creatura stessa figlia di D-i-o, partecipe della sua vita, nella condivisione del gesto creatore che fa sbocciare l'esistenza. 
Il pellegrinaggio dei Sapienti, il battesimo nel Giordano, l'intervento provvidenziale e inaspettato alle nozze di Cana: sono tre episodi che fanno apparire la realtà concreta del dominator Dominus. Dopo la lunga e nascosta esperienza di Nazareth, eccolo sulla breccia della vita quotidiana in mezzo alla gente. A chi gli chiede un Regnum che riesca ad opporsi all'oppressione romana, Gesù non fornisce strategie di guerra, bensì parla sul monte e dichiara beati coloro che per amore suo sostengono persecuzioni. La potestas tanto invocata, e proclamata quale soluzione di tutti i problemi economici e sociali, è considerata sotto una nuova e scandalosa prospettiva: è il potere della donazione gratuita che riscalda il cuore del beneficiato e dilata il cuore del benefattore. L'imperium non è il dominio oppressivo che tutto invade e getta i poveri nelle angustie e nelle tenebre; è la luce che tutto inonda e rende illuminanti quanti hanno dischiuso mente e cuore. 
Illuminati per illuminare, resi luce dalla Luce divina – deificum lumen ricorda san Benedetto (Regula, Prol. 9) – noi cristiani non dobbiamo temere i “signori” del mondo. All'inizio di un nuovo anno occorre ridestarsi dal torpore, convertirsi e incamminarsi per le vie della fede, per “correre con il cuore dilatato lungo i sentieri dei comandamenti di D-i-o nell'indicibile gioia dell'amore” (Regula, Prol. 49). Allora si scopriranno anche nuove vie per realizzare i desideri suggeriti dallo Spirito, si prenderà sul serio la vocazione profetica e si diverrà come canta un inno nell'avvento, vox fidelis praenuntiatrix gloriae.

O gradual responsorial é o Omnes de Saba venient, aqui pelo cantor eslovaco:






A Alleluia é a Vídimus stellam ejus, aqui cantada pelo Pedro de França:




Comentário de Tiago Barófio:
Vidimus  s t e l l a m  e i u s  in Oriente, et venimus  c u m  m u n e r i b u s  adorare Dominum (cfr. Mt 2, 2) (re plagale - II modo)

La melodia dell’Alleluia natalizio “Dies sanctificatus” (III Messa) traspare come un filo rosso attraverso tutto il periodo fino al Battesimo di Gesù. L’Alleluia collega strettamente tra di loro non soltanto il 25 dicembre e il 6 gennaio, ma anche le celebrazioni dei Comites Christi, quanti hanno accompagnato nella sua avventura terrena il Verbo di D-i-o (s. Stefano, l’apostolo s. Giovanni, gli Innocenti). Come accennato in precedenza, la melodia propone in forma melismatica la struttura di un formula salmodica in cui si distinguono chiaramente le sezioni introduttive d’intonazione (Vidimus = et venimus) e la elaborazione melismatica della corda di recita (stellam eius = cum muneribus).
L’Epifania è un forte richiamo alla lode di D-i-o, al canto dell’Alleluia con cui ci si mette in adorazione dell’Uomo-D-i-o. Il racconto evangelico è condensato nel testo alleluiatico di san Matteo che fornisce la chiave d’accesso alla celebrazione. Essa, in tutte le sue articolazioni, dalle Ore alla Messa dell’Epifania, rischia di essere travolta e nascosta da tanti avvenimenti rituali pagani e secolari. Tanto più urgente è pertanto il monito del cantore che invita a riflettere sull’itinerario di fede.
Ab Oriente”. Non possiamo pretendere di incontrare Cristo sotto casa, ancorché certamente lo s’incontra nell’ambito stesso della propria famiglia. Occorre sempre uscire da noi stessi, mettersi in cammino (“venimus”), lasciando perdere i nostri progetti nascosti, le pretese ambiziose destinate al fallimento, generatrici di smarrimento, ansia e delusione. Ciò che è veramente importante nella ricerca di D-i-o è la purezza dello sguardo che sola permette di vedere la nostra stella, ci rende capaci di scorgere e di realizzare il disegno di D-i-o.
In questo impegno immane - spirituale e insieme operativo nella concretezza dell’esistere quotidiano – elaboreremo dei pensieri, pronunceremo delle parole, comunicheremo dei silenzi e realizzeremo dei gesti nei quali D-i-o riconoscerà i “munera” che rivelano chi siamo, creature che si offrono in oblazione di lode al loro Creatore e Salvatore. Ma non basta.
L’itinerario della fede non è una corsa affannosa di un atleta solitario, contento quando distacca gli altri e arriva solo al traguardo. L’itinerario della fede si vive sorretti dalla speranza in comunione d’amore. Anche chi vive una vocazione eremitica sa che “non si è mai meno soli di quando si vive soli con D-i-o”. Sa pure, occorre subito aggiungere, che in D-i-o si fonda la più profonda comunione con gli uomini. La comunione con il Padre impone come condizione che nessuno sia escluso dalla comunione fraterna. Nelle parole e nei fatti. Se anche una sola donna o un solo uomo non fosse per noi una sorella e un fratello, non potremmo considerarci e tanto meno essere figli del Padre.
L’orizzonte dell’Epifania si dilata. Lo scenario non trova limiti nel tempo e neppure nello spazio. È tutto un movimento universale e cosmico verso la contemplazione di Colui che è nato per noi e per noi è morto sulla Croce. 
All’inizio di un anno sociale possiamo ritrovare la bussola per orientare la nostra vita, la stella dei Sapienti, la nostra stella.

Antífona do Ofertório Reges Tharsis, na voz do Pedro Francês:




A antífona da Comunhão é Vidimus stellam ejus, cantada pelo Pedro Emanuel Desmazeiros:




A mesma antífona aqui comentada por Bruder Jakob:
Aumentai a imagem.
Il testo dell’antifona di comunione e del versetto alleluiatico riprende una frase della pericope evangelica (Mt 2, 1-12: 2). La melodia dell’antifona è in mi plagale (IV modo) con una coppia di semifrasi cadenzanti sul re e sul mi. Da non trascurare la dilatazione della parola chiave Vidimus con la successione di quattro gruppi neumatici di tre note ciascuno. Il culmine melodico sul do sottolinea l’importanza del segnale divino (stella eius) e della reazione umana (venimus). La corda di recita sul sol, svolge la stessa funzione come nel I emistichio della salmodia propria nei versi dei responsori prolissi.
I tre personaggi provenienti da Oriente pongono una domanda a quanti pensano siano in grado di fornire loro le informazioni necessarie per ritrovare il Nato annunciato dal cielo stellato. Nello stesso tempo la loro parola è anche la risposta a quanti si domandano il perché della loro presenza in Giudea. Presenza inquietante, come si avverte sempre di fronte a estranei e sconosciuti.
Il lungo viaggio per i Tre è un fatto scontato. Non possono evitarlo né rimandarlo dopo quella visione che dischiude loro orizzonti ignoti. Non possono neppure affrontare il viaggio come se si trattasse di esplorare terre nuove o di organizzare una spedizione commerciale. La visione li guida sin dalla preparazione minuziosa dell’itinerario. Oltre a tutti i bagagli dei comuni viaggiatori, essi sentono la necessità di portare anche dei doni. Oro, incenso, mirra: quale sia il loro significato, saranno altri a intuirlo e a conoscerlo. Loro sono stati scrutatori umili della volta celeste, ne hanno letto il segnale primario e si sono messi in marcia.
La loro interpretazione non si esaurisce in lunghe e sterili disquisizioni. Il segno celeste scolpisce e dà forma al loro pensiero, il pensiero si traduce in azione concreta. Con passione iniziano la ricerca. Verso ovest seguono la stella la cui apparizione vivifica la speranza e dà loro forza per proseguire. Non si lasciano distogliere dalle reazioni di quanti incontrano. Stupore, irritazione, invidia, turbamento, curiosità, solidarietà s’intrecciano ed emergono nelle relazioni sociali. Con altri viandanti, con pastori e guide, con poveracci e con un re …
Erode. Il desiderio di vedere il Cristo diviene una passione travolgente, fa traboccare dal cuore un’ansia senza confronti. Nessuno dei Tre ha un desiderio tanto urgente di vedere Lui quanto il re. Ormai accecato dalla pusillanimità spietata, non vede altro che un temibile concorrente nel pastore del popolo eletto d’Israel. La visione della realtà degenera in miraggio di patologiche fantasie. Alla missione di pace subentra il corteo degli aguzzini e omicidi che sopprimono la vita degli Innocenti.
La luce del Verbo incarnato dirada le tenebre del Male. È una luce che penetra ovunque. Tutto chiama a nuova vita. A tutti dona prospettive di un’esistenza nuova che ciascuno può cogliere in una visione. Il cantore annuncia un fatto che risuona in ogni dove. L’atteggiamento dei Tre è soltanto l’inizio di un’esperienza condivisa lungo i secoli e in ogni paese. Essenziale è riuscire a vedere, a vedere il Cristo, il Cristo Figlio di D-i-o e primogenito di ogni creatura, creatura innalzata alla dignità di figlio di D-i-o. Come Paolo ricorda a tutti noi nella lettera a noi consegnata dagli abitanti di Efeso: “le genti sono chiamate, in Cristo Gesù, a condividere la stessa eredità, a formare lo stesso corpo e ad essere partecipi della stessa promessa per mezzo del Vangelo”.

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